sábado, 22 de febrero de 2014

El alma no olvida



  Improvisadamente me reconecto con una parte de mi esencia que en alguna vida olvidé. El jardín se ve habitado por humos que me transportan a un trance incomparable; el té revitaliza mis sentidos mientras que un cerillo enciende una adicción ya superada. La magia del sahumerio se desprende poco a poco de una botella azul, y el viaje se fortalece.
El fuego parece iniciarlo todo, siempre. La vida, la transformación, mis nuevos escenarios, mis experiencias recordadas. ¿Será la brisa la que logra seducirme bajo un pino? ¿Tendrá un poder tan fuerte como su suavidad? ¿Serán mis sentidos los que me confunden al haber elegido otros rumbos, que por cierto, son estimulantes? El panorama de este manto de constelaciones ha cambiado, y la bruma se cuela entre mis cabellos, obsequiándome un aura de misterio.
Y los sonidos se expanden. Logro oír las risas de los murciélagos, el arrullo del lago, el crepitar de las hojas... Lo infinito se sumerge en la sangre de mis venas, recorriéndome, mutilando mis miedos, hasta convencerme de que he llegado. Sí, he llegado a los cráteres de esa luna llena que me ciega con cautela.

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