Autobiografía

Dicen que nació en invierno, que su alma conoció diferentes siglos y portales, y que en su esencia se funde un manojo de historias. Dicen que nació sedienta y ansiosa; sedienta por conocer e interpretar cada enigma del Universo, ansiosa por descubrirse a sí misma. Quizás por ello decidió recolectar cada pieza de su ser; pero, para ir a su propio encuentro, debió aprender a no frustrarse ante la ignorancia y a transformarla en una búsqueda.
Tras recorrer distintos senderos, descubrió el lenguaje de la Luna, la profundidad del silencio, las melodías que se entretejen, las sombras de lo onírico, la magia del Cosmos, la protección de un abrazo... Poco a poco, y con firmeza, se encomendó a una mirada colmada de símbolos celtas, de rituales y de misterios medievales.
Durante años, viajó a través de una máquina del tiempo conformada por telones y madera. Aquel artificio perdido entre decenas de máscaras, le permitió vestir innumerables vidas; pero ello no impidió que ciertos susurros irrumpiesen en su mente, sugiriéndole derramar la tinta sobre los pergaminos. De este modo, varios versos y líneas comenzaron a deslizarse y a gritar señales que serían interpretadas en el futuro.
Sus creencias se fortalecieron en cada secreto de la Naturaleza, mas la indiferencia de algunas personas frente a los detalles la decepcionó. Si ser como ellos era crecer, prefería condenarse a la inocencia eterna. Sin embargo, de algo estaba totalmente segura: debía proteger el asombro, y el papel se había convertido en uno de sus aliados.
Hoy intuye que el misterio no sólo es su constelación predilecta, sino que nada podrá detener su fascinación por los lazos que unen lo inconsciente con la libertad.

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