Estelas urbanas

  Camino y siento una tranquilidad que me permite atravesar diferentes planos sutiles, merodeo entre el césped y el cemento, la densidad parece desintegrarse bajo la luz del sol. Los pasos que marco y despliego me hacen recordar lo formidable de cada centímetro de mi naturaleza. Poco a poco, dejo de desconfiar del entorno desconocido, tan sólo me desplazo con ligereza y gozando de esos instantes en los que mi sendero se entrecruza con el de alguien más, permitiéndome impregnarme de una familiaridad curiosa y cálida. Con cierta soltura inocente, me animo a sonreír mientras la plenitud se desvela por conquistar mi itinerario y por brotar continuamente en mi rostro.
 Al mismo tiempo que recorro las calles, dejo una estela en el aire, una estela energética, oscilante y risueña por haber sido trenzada junto al vaivén urbano. Dejo una estela que se unirá con la de alguien más, así, todas las estelas desprendidas y acumuladas durante el día se irán fundiendo hasta el anochecer. Tales lazos de luz se desvanecen a diario en los cielos, pues las brisas estrelladas guían su trayecto hacia los rincones donde ninguna estela pudo llegar.

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