Salvaje


  El misterio se intensifica cuando la observo en el espejo, cuando me detengo en su iris hasta desmenuzar su timidez. Intento sitiarla hasta desenredar los laberintos que conforman su microcosmos, y es entonces cuando mi curiosidad comienza a expandirse.
  Necesito desgarrar sus innumerables cáscaras y convertir sus destellos en soles, agrietar su superficie y complacer sus búsquedas inconscientes, secretas, negadas. Cavaría sus tierras más estériles sólo para mostrarle los engaños que sí lograron germinar en su vientre. Necesito reencontrarla, tomar cada instinto ahogado entre sus cenizas y mostrarle el fuego que su aura desprende. Necesito recoger cada pieza, revelarle incluso lo que no conoce de sí misma por continuar escapando de sus profundidades, tanteando un espacio que poco sabe de quietud.
  Ansío que se entregue, que se empantane en su propia esencia, que se revuelque en su deseo, que muerda su adrenalina, que se arriesgue a reconocer la intensidad que vibra en su interior.

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