Regresión


  Se repite el ciclo. Vuelvo a nombrar desiertos que sólo encuentro del otro lado del océano, vuelvo a buscar en el viento sonidos que el eco ha absorbido, vuelvo a conversar con el sol... 
  ¿En dónde se han escondido las cuerdas del laúd? ¿Continuarán las caminatas movedizas? ¿El camello seguirá sin beber? ¿Aún me esperarán las telas y sus colores? ¿Recordarán mis manos cómo moldear un khubz? ¿Me alumbrarán las curvadas lámparas?
  Algo sacude los años que me empolvan la mirada. Mis lágrimas la limpian y la distancia se disuelve. En cada recuerdo logro profundizar el aroma de una magia que jamás abandoné. En cada reminiscencia convulsionan diversas piezas de mi ser y comienzo a notar que todo se encuentra intacto. A través de sabores familiares confirmo el origen de mi nostalgia y simplemente me abro. Reconozco las danzas y los cantos, así como los movimientos que alguna vez amamantaron mi júbilo. Contemplo mi reencuentro con una energía firme y ancestral, me impregno de su pureza y de su vigor. 
  Quisiera permanecer, pero debo viajar hacia otros portales, no sin antes comprender que son mis memorias el mapa de regreso hacia aquellas tierras y hacia tantas otras. Las distancias espaciales y temporales no son más que ficciones. Mientras una parte de mi alma proteja las raíces de mi eterna historia y mientras me atreva a sentir lo que mi corazón me muestre, no olvidaré cómo volver a conectar con mi esencia.

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