La madera se desparramaba en cada recoveco de la cocina. Las cucharas y los recipientes aún llevaban la magia y la sabiduría de los árboles que les dieron vida. Los aromas envolvían mi razón y mi prudencia. Un tomo de cocina celta se asomaba tímidamente, allí, entre unas extrañas recetas a base de hierbas. El tomillo y el romero se destacaban entre decenas de frascos con tapa de arpillera, todos ellos alineados de menor a mayor...
Observar cada rincón de aquel lugar implicaba derribar los mitos culinarios más absurdos que, con mis pocos años de experiencia, había alimentado.

1 comentario:

  1. ¡Hola Luli! Estuve leyéndote y me gustó lo que encontré. Se hacen perceptibles ciertas energías que seguramente pasen a través de vos para que puedas plasmarlas en palabras. Hay frescura y sentimiento. ¡Te felicito!
    Saludos,
    C.

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