lunes, 27 de marzo de 2017

  Solemos regresar a la tierra porque allí recibimos el primer cobijo, sin embargo, nos culpamos por no comprender las profundidades que elegimos, aunque nada pueda evitar que las sintamos. En esa vasta experiencia que nos permitimos atravesar, recordamos que la esencia respira incluso en lo subterráneo, y en la búsqueda de oxígeno nos encontramos con alguien más. Así, poco a poco, nos vamos reconociendo para abrazarnos como un ovillo de orígenes que no deja de expandirse. Dejamos de divagar y nos ordenamos, habitamos las raíces porque el sol no basta, nos movemos hacia donde creemos que debemos estar: latimos.

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