A través del espejo

  Esos lentes daban amparo a toda excusa, tal vez por ello mi delirio se detenía en sus cristales. Solía verlos en lo confuso de un callejón, en las pinturas de un sueño y en lugares no creados. Complacer tal asedio era mi debilidad, y expandir el descaro, mi nuevo ritual.
  Durante meses, el éxtasis frecuentó mi hábito de observación hasta marginar mi inocencia. Temí perderme. Reconocer la obsesión que mis ojos empuñaban me había llevado a un desconcierto sin retorno. Algo precisaba ser comprobado y, si bien mi juicio se encontraba aturdido, mi coraje se había convertido en mi único aliado.
   Descuidando la poca cordura que aún conservaba, decidí enfrentar aquellos lentes. De inmediato, mi prudencia fue demolida por el armazón, pero mis pupilas lograron rasgar la delicadeza del artilugio. Así, la transparencia donde mi tentación fue reflejada innumerables veces comenzó a quebrarse, y un nuevo desafío se abrió ante mí. Dos eternidades, verdes y simultáneas, suplicaron ser habitadas, por fin, sin filtros. Al hallarse libres de todo camuflaje, no sólo supe reconocer su esencia, sino que elegí abandonarme a ellas, ofreciendo también mi propia verdad.

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